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martes, 29 de diciembre de 2009

Chevy Chespir, Doc.

Tarde del 24. Abro la nevera. Ahí está, ahí está... pero pasar el tiempo ya no lo ve. Tres quilos. Lo había encargado hacía unos días. Que si uno del Prat, no, no, que ahora deben tener gusto a T1. Que si uno de montaña, no, no, que todo el día corriendo por ahí saldrá duro. Le tocó a uno de granja. Mala suerte, chato. Me pongo mi mejor delantal, y manos a la obra. Repaso concienzudo de que no le quede el menor rastro de pluma. Sacar determinadas raíces es como reventar espinillas pero a lo bestia, sin temor a que queden marcas. El siguiente paso, depilación. Ni cera, ni cremitas, ni eléctrica, directo al fuego, a la llama. Suerte que tengo cocina de gas, sino me tendría que comprar un soplete. Consigo dejar al pollo limpio de pelos pero algún pelo de mi muñeca corre la misma suerte. Lo lavo con agua y lo seco.

El relleno, consiste en carne magra de cerdo, unas salchichas, piñones y ciruelas. Las guiso, poco, con abundante vino blanco. La pobre victima yace ya en el recipiente para hornear. Por el boquete que tiene abierto por encima del culo, por el que le han sacado las vísceras, meto todo el guiso. Me habré pasado con la cantidad o el pobre pollo era estrecho de pecho, ya que me entra justito y no me cabe la manzana de rigor. Nos conformaremos con el gusto dulzón de las ciruelas.

Ahora llega el momento culminante. Hasta ahora todo había sido cantar. Ahora toca coser. El enhebro –bonita palabra- me lo hacen, no hay como contar con buenos pinches. Juro por lo que se tenga que jurar que el año que viene me compro un kit de coser piel y carne humana, y si dan un cursillo por internet me apunto. Coser, algo sé, lo justo, pero no sé coser con dedal, y eso se paga, cuando lo que tienes que atravesar no es un simple trozo de tela, sino piel y carne. Supongo que coser con pinzas, como creo que lo hacen los cirujanos, debe tener su complicación pero me hace ilusión coser con guantes y con gorrito de quirófano, de esos estampados, eh!. El trabajito, modestia aparte, me quedó de cine, mejor, mucho mejor de como quedó mi rodilla este verano. Sal, pimienta y un buen chorro de vino dulce y otro de coñac y a dormir en la nevera, que mañana te espera un día... calentito.