Cuando llegó al andén miró al gran reloj y en ese mismo
instante la aguja de los minutos pasó del 46 al 47 haciendo un pequeño rebote. Él,
instintivamente, hizo el mismo movimiento de rebote con la cabeza, algo casi
imperceptible.
Un hombre sentado en un banco descruzó las piernas y al dejar descansar la
cruzada en el suelo, hizo un leve movimiento de rebote, casi imperceptible. Él,
instintivamente, hizo el movimiento de rebote con la cabeza.
A su lado, al del hombre descruzado, había una joven buscando algo en su
cartera-monedero, semi-extrajo una tarjeta y la volvió a colocar con el
dedo índice y para asegurarse de dejarla bien colocada le dio un leve
golpecito, seguido de un casi inapreciable rebote. Él, el instintivo, instintivamente
(v.l.r.) hizo el mismo movimiento de rebote con la cabeza y no le pasó desapercibido
el rebote del hombre cruzado. Pasaba esto justo en el instante de pasar del 47
al 48 con el consiguiente rebote. La de la cartera-monedero volvió a rebotar con su índice
y su tarjeta, el descruzado, más de lo mismo, y el instintivo no fue menos y
rebotó, esbozando a continuación una leve sonrisa seguida de otra mucho más
leve, a modo de rebote, acompañado de un nuevo rebote del descruzado y de lo
propio de la tarjetera. Eso ya era efecto dominó con eco.
Y paso lo irremediable cuando la reboteadora aguja minutera tenía que pasar del
48 al 49. La aguja no se movió, rebotó levente y se quedó en el 48. El
descruzado le pegó una patada a la cartera-monedero de la joven, esta, fue
volando cerca del instintivo, que en un acto muy suyo intentó cogerla al vuelo
con tan mala fortuna de caer al suelo del andén junto al desdichado
monedero-cartera (¿o era cartera-monedero?). El descruzado se levantó raudo pero no veloz y
se acercó al instintivo yacedor, reclinándose para coger la cartera. En ese
momento se oyó un golpe seco, algo húmedo, como un “scroshf”, producto del impacto de la cabeza del
descruzado con el tren que en ese mismo instante llegaba a aquel punto del andén.
El monedero-cartera salió despedido hacia el regazo de la joven seguido de una
masa sanguinolenta, que tuvo igual destino. Ella, lejos de sorprenderse, recogió
su objeto, y pasó el dedo corazón sobre la masa amorfa (¿o era amorfa masa?), se lo llevó a los
labios y con un movimiento rápido de lengua lo probó, relamiéndose los labios a continuación, en un acto de
rebote inverso, justo en el momento que las agujas del reloj pasaban del 48 al
47. Había un hombre sentado a su lado. Este cruzo las piernas, la parte
inferior de la pernera, al retroceder, dejó a la vista un curioso tatuaje, en
el que ella reposó su mirada. Desvió la vista hacia el andén justo cuando un
hombre estaba a punto de pasar por debajo del reloj de la estación. El hombre
hizo unos leves movimientos con la cabeza. Miró el reloj, marcaba 46 pero habría
jurado haber visto segundos antes que eran 47.
Fe de erratas: RAE: minutero.
1. m. Manecilla que señala los minutos en el reloj.