Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Viajes. Mostrar todas las entradas

miércoles, 6 de octubre de 2010

Vacaciones con blogueros (sic) y VII

Mis viajes son de cine.
No, no, mejor dicho que en mis viajes me monto películas.
Tampoco. Digamos que hago cosas o pienso en situaciones vistas en películas. Ejemplos: Mientras corría por el Mall de Washington tenía la vaga esperanza que en un momento dado, un alto funcionario del gobierno me pasaría un sobre. En Londres siempre tengo conversaciones con Mony Penny y en Roma insisto con la misma pregunta “Quo Vadis?”, aunque bien pensado no hace falta irse a Roma para preguntarse eso. Y en Madrid… cine mudo, que no les gusta mi acento (puro victimismo).

Y este verano… no me apetecía deprimirme con Bergman. Salander y compañía tampoco, Walander si, pero su ciudad (Ystad) me pillaba algo lejos.
Pero sucedió. Estaba adentrándome en la fría agua de un lago. El brazo izquierdo en jarra. La tenue y mortecina luz de la tarde inundaba el ambiente y solo dibujaba mi silueta. Andados unos metros, me detengo, giro lenta y levemente el torso hacia la orilla y deshago el movimiento. Alzo el brazo izquierdo, como señalando algo y el derecho lo coloco en la cintura. Llevo puesta una camiseta de rayas azules y blancas…

Cuando volví a la orilla, me preguntaron “¿Qué señalabas?”

No soy rubio (adolescente talvez tampoco), aquello no era el mar y nadie se había muerto. Tampoco sonaba música de ningún bohemio. El personaje, en la ficción es polaco, el actor es sueco. Y a todo esto, ¿Qué relación tiene toda esta “frikada” con el título del post? Hace poco más de un año, el bloguero en cuestión escribió un delicioso post que llevaba por título el mismo que la película cuya escena final intenté “imitar”.

¿Ya sabes de quien se trata (película, actor, personaje y/o bloguero) ? ¿Pistas? El nombre propio del actor es común en Suecia, un afamado ex tenista y un componente de Abba lo tienen. Sólo con oir su nombre en la ficción mis glándulas de Cowper se ponen en funcionamiento (algo exagerado, sí) aunque no se me corre… el tinte (eso también es LA pista).

Nota:Las bases del concurso impiden participar a los familiares directos.

sábado, 2 de octubre de 2010

Vacaciones con blogueros (sic) VI

Antecedentes:

Mario plantó a Dani. Como quien no quiere la cosa, Mario “epistoló” lo siguiente:

Hola, Dani Estos últimos días ando un poco ajetreado, entre la mudanza y el “asentamiento” me queda poco tiempo o mejor dicho, no tengo el tiempo suficiente para dedicártelo. Sólo una cosa, no habrás encontrado por tu casa unos boxers de la marca “Under Armour” de color blanco, muy largos y unos calcetines con cuadraditos blancos y naranjas (aquellos un poco freakis) ?. Yo no los encuentro por ningún sitio. Igual me los descuidé algún día en tu casa. No sé. Dime algo. Mario

La respuesta de Daniel decía entre otras cosas:

"En cuanto a tu pregunta, no sé cómo decirte esto. Pero en fin, tampoco es tan grave. Los calzoncillos esos largos, los utilicé el sábado para limpiar cristales. Es que son de algodón, y ya sabes lo bien que se limpian los cristales con un trapo de algodón. Si quieres los meto en un poco de lejía. Puede que no queden tan mal. De hecho, ya les he metido. Luego les escurro, y te les empaqueto."

Mario ha vuelto. Está locamente enganchado a Daniel, pero duda de si reemprender de nuevo una relación con él. Jamás le perdonaría que sus nuevos Björn Borg tuviesen el mismo final que sus amados Under Armour.


PD:Pincha en las marcas comerciales para hacerte una idea del drama.


jueves, 30 de septiembre de 2010

Vacaciones con blogueros (sic) V

El Vänern es un “pequeño” lago situado (más o menos) en el sudoeste de Suecia. Lo de pequeño, es relativo, como siempre. Es una décima parte del lago Huron, pero su superficie es casi tan grande como la provincia de Alicante. Como diría aquel, unos tanto y otros tan poco.

En uno de los canales del delta del rio Klarälven que desguazan al mencionado lago Vänern, en la ciudad de Karlstad, me encontré con estas biescaleras de impares escalones. Su presunta utilidad salta a la vista, alguien decidió hacer barcos de diferentes alturas.

Pero a falta de barcos y viendo que el tamaño podría impedir que fuesen unas “Starways to heaven”, solo por el tamaño, ya que estoy convencido que para ir al cielo puedes coger escaleras distintas, observándolas, me asaltó la duda de si no podría tratarse de un equipamiento deportivo, para entrenarse en esa nueva modalidad llamada “balconing” (nivel básico).

El “balconing” parece que es lo último que se ha sacado la madre naturaleza para proseguir con su lenta “selección natural”, en este caso, de idiotas. Consiste en tirarse a una piscina (con lo bonito que es tirarse otras cosas) desde la terraza de la habitación de un hotel. Desde que se pusieron de moda los hornos eléctricos… la gente ya no sabe que hacer para suicidarse.

martes, 21 de septiembre de 2010

Vacaciones con blogueros (sic) IV

Era viernes. Aquello era Örebro. Dejamos atrás el majestuoso castillo de Slottet (foto), ya contemplado la noche anterior y nos dirigimos, por un paseo que discurre al lado del río Svartån (Negro) hacia el Stadsträdgården, un idílico parque que en su día fue elegido como el más bello de Suecia. En uno de sus extremos se halla el pueblo de los museos Wadköping, donde bajo construcciones típicas suecas se ubican talleres de artesanos, escuelas, exposiciones de pinturas y un largo etc.

Era pronto, pero un pequeño ejército de operarios estába cuidando el parque. Aquí, a la que deja de llover, sacan rápido las segadoras de hierba. Dejado atrás el rincón japonés, llegamos a la zona del parque infantil. A primera vista (o vista tendenciosa) se podría decir que es un lugar de ambiente. Sin exagerar, el 90% de los mayores que cuidaban/vigilaban a los críos eran varones. Repuesto del “susto” inicial, sonreí, casi había olvidado que estaba en el paraíso de la igualdad aunque me pareció que la proporción no era muy igualitaria. Volví a sonreir al pensar en mi amigo blogero, defensor acérrimo de la igualdad.

Siguiendo el agradable paseo, y aún pensado que eso de la igualdad es una utopía, tuve un susto mayúsculo. No, no descubrí a un antiguo amante sueco, de una noche veraniega de sangría, ya que este (y esta) jamás existió, sino a mi amigo bloguero. Allí estaba, sentado, junto con su inseparable monopatín, vestido de gala, meditabundo, como reflexionando sobre mis tribulaciones igualitarias. Me quede atónito. No, un error al surfear una ola, no lo podía haber traído a tantos kilómetros de distancia. Me aproximé lentamente. Él seguía más meditabundo (si cabe).

- Hej –le dije, pero no recibí respuesta, cosa obvia, creo que él no habla sueco.
- Hola –insistí. Silencio recibí.

Mi mano, algo temblorosa, se acercó a su cuerpo, y se posó en su hombro. Lo noté más bien tirando a frio. Al retirarla, me miré la palma y no vi rastro de purpurina.

- Adjö, Adiós –le dije, y mientras me alejaba susurré:
- No sabía que tenías un loro.

Si aún no sabes a quien me encontré, pincha aquí.


viernes, 10 de septiembre de 2010

Vacaciones con blogueros (sic) III

Svenskundervisning för invandrare, Sfi, är en grundläggande utbildning i svenska språket och om det svenska samhället för dig som inte har svenska som modersmål. För att studera genom Sfi ska du bo i kommunen, vara över 20 år och ha uppehållstillstånd.

Det finns kurser med olika inriktning, språknivå och studietakt. Kurserna är gratis men du kan inte få studiemedel för sfi. Tillsammans med en studievägledare kommer ni överens om vilken kurs som passar bäst. Syftet med studierna, tidigare erfarenhet och utbildningsbakgrund har betydelse för val av kurs.


Nota: A ver quien encuentra el error... si lo hay. Para quien tenga dificultades en la lectura, dejo aquí este link por si ayuda en su comprensión.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Vacaciones con blogueros (sic) II

En un interludio vacacional, andaba yo algo distraído por casa, cuando me fijé en un mueble. Desde que tengo uso de razón que he vivido con ese mueble. Cuando rompí el cordón económico-umbilical con mis padres el mueble se fue conmigo, y con el hice mi primer y último trabajo de restaurador. A ratos, con mucho mimo lo fui rehabilitando, sobretodo del festín que se habían dado las carcomas, esas diminutas larvas que comen madera antigua. El resultado fue tan bueno que mi madre intentó que se lo devolviese, pero la condición de “si vuelve el mueble vuelvo yo” no la aceptó.

A plena luz veraniega pude observar con claridad que el brillo y esplendor de antaño había desaparecido. El servicio ya no es “como el de antes” y no me lo han cuidado como se merecía. Ni corto ni perezoso (cosa inhabitual en periodo estival), busqué de entre los cuatrocientos productos de limpieza que hay en casa (dudo que existan tantas superficies, manchas o tipos de suciedad para tanto producto), el que yo sabía que necesitaba mi mueble, y lo encontré. Lo que no conseguí encontrar fue un trapo de lana, que es el tipo de tejido idóneo para aplicar el producto.

Y ahí me ves, sentado en el suelo, con mi lata de cera, mi trapo de algodón (un trozo de un polo muy viejo de color granate) haciendo de académico de la RAE, pero no a la lengua, sino a mi viejo mueble. Con los efluvios de la cera (similares a los de la cola) entré en trance (¿redundancia hispano/inglesa?) y me uní espiritualmente con otro bloguero y me puse a cantar, no la de Lady Gaga -hubiese sido demasía obvio-, sino una que canta su (querido) homónimo en catalán (había dicho similares a los de la cola, rectifico, superiores a la cola). Evidentemente el mueble es un armario, pero no empotrado. No todo es perfecto.

Si quieres ver la lata de cera, clica aquí.

lunes, 18 de enero de 2010

Villa y Corte

Aprovechando que otro colega no estaba (no debe haber sitio para los dos), me (nos) dejé (mos) caer por la capital. Así, pim pam, dicho y hecho. Dicho así parece provinciano, pero si asumimos la historia, un allegado borbónico así lo decidió, pues un complejo más para llevar encima (y suman…), claro que si los Austrias hubiesen ganado a los que ahora reinan no se donde estaría la capital, pero bueno, asumido esto, de momento no pasa nada (talante).

Te das unas cuantas vueltas por el centro, y, oh!, mira, la Vicky Peña (ah esa no cuenta, que es catalana). Pasas por Malasaña y a las 12 del mediodía te cruzas por la calle con Enrique San Francisco, vaso de cerveza en ristre. Por la zona esta que tiene nombre de jamón, en el barrio ese que lleva el nombre de la ciudad del archivo de “derecho de conquista”, te cruzas con Ana Blanco, la presentadora del TD1, de compras (igual el año que viene, sin publicidad tendrá que ir al Rastro). Total que visto lo visto (o cruzado) va y resulta que la capital es como un pueblecillo que conoces a todo “quisqui”. El pureta diría que qué te esperabas, si total es una villa. Con los únicos que me quería cruzar, los leones del Congreso, va y los tienen tapados, supongo que por la obras de la calle, uy, perdón, de la carrera.

A mi, aparte de ir de incognito (despejado) me gusta pasar desapercibido. No diré que tuve que firmar autógrafos (que lo hice, pero en el hotel y en algún restaurante) pero hasta tres veces me preguntaron por una dirección. Juraría que no vestía de Pichi (ese chulo que castiga), pero los turistas ya no son lo que eran. Que confundan a un catalán con un madrileño, es como no distinguir un chino de un japonés (y son muy diferentes).

El último día, vi (la había visto y oído en alguna otra visita) aquel desmesurado símbolo de un cierto nacionalismo, que dicho sea de paso, no es de recibo que esté deshilachada (o será una premonición), pero unos minutos más tarde vi un letrero que me reconfortó, ponía “ZARA HOME”(*)
, y me sentí como en casa.

Lo cierto es que fui a Madrid atraído por Thiago. Leí de él, hace un tiempo, que el cielo de allí es una pasada. En cuatro días cuatro (cual corrida), solo puedo decir lo que me dijo el recepcionista del hotel, que tras esas nubes (pertinaces), que sí, que probablemente había un cielo azul. Yo no me lo acabé de creer, tengo el convencimiento que al turista se le engaña. Total, Thiago, que ni tu cielo, ni tú, cielo (que cursi). Otra vez será.

(*) Home, en catalán significa hombre.

martes, 20 de octubre de 2009

Hot Springs

Salió del todoterreno. Realmente era cómodo. El frío viento del norte le hizo olvidar repentinamente el cansancio acumulado. La ropa de mezclilla con la que había salido de la Costa del Sol no era la apropiada. Había llegado. Estaba donde quería. Aún no sabía si era un viaje iniciático o terminal.

Todo había empezado en Málaga, casi al mediodía, embarcaba, por un “finger”. No se lo tomó como un signo premonitorio. Casi tres horas más tarde aterrizaba en Gatwick. Tenía muchas horas por delante. Cogió el tren hasta la estación Victoria de Londres y dejó la maleta en la consigna. Después de malcomer, se dirigió a Piccadilly Circus, y se sentó tranquilamente bajo la fuente de Eros, consumiendo las horas viendo el devenir de las gentes. Los turbantes asiáticos seguían llamándole la atención. Con puntualidad británica, se fue a realizar la siguiente ingesta diaria. “Malcenó”, sabía que ocurriría, pero prefirió saber lo que comía, en teoría, en el Kentucky Fried Chicken, a las sorpresas inglesas. Recuperada la maleta, se dirigió en metro hacia el aeropuerto de Heathrow, le gustaba la sensación claustrofóbica que le producía ese metro en particular. De allí, en autobús, se dirigió al sencillo hotel Ibis a dormir unas horas.

Madrugó al día siguiente. El vuelo salía poco antes de las nueve; el autobús, el tren interno y la facturación del equipaje más las medidas de seguridad adicionales llevaban su tiempo. En el Boeing 777-200ER le tocó ventanilla y la suerte de no tener compañeros de viaje. Antes del despegue, pensó en si no era una locura todo aquello. Era tarde. Un libro, “El viaje a ninguna parte”, música del Ipod y unos cuantos sudokus, más la inestimable ayuda de la tripulación, le hicieron corto el recorrido, total, ¿qué eran diez horas? Casi a la una, hora local, llegaba a Houston. El único problema era el nombre del aeropuerto, pero más tarde comprobó que era de “papá” Bush y no de su hijo. Tenía cinco horas. El mal rato que paso en inmigración, aquel control que le hizo sentirse culpable, y más cuando el fornido agente le preguntó el motivo y el destino de su visita, la respuesta que dio fue clara y sin titubear y más cuando respondió a la incrédula pregunta de “In autumn?”. El “Yes” fue seco.

Salió un momento a tomar el aire, y comprobó que la temperatura se parecía mucho a la de su tierra natal. Deambuló por el aeropuerto, buscando descubrir aquello que llaman “american way of life” aun a sabiendas que un aeropuerto es un aeropuerto. Ya no sabía si tenia que desayunar, comer o cenar, había perdido la noción alimentaria. Al pasar delante de un cartel que ponía BBQ, decidió merendar. Un “steak” de carne tejana. Mientras se lo comía se hizo un lío mental entre carne y tejanos que lo achacó al cansancio del viaje. Se fue hacia la terminal A, su categoría había cambiado, de internacional a doméstica, como si estuviese en casa. A las siete volvía a subirse a un avión, esta vez con destino a Denver, donde llegaba una hora y media más tarde. El vuelo 147 de Frontier Airlines había estado algo movido debido a las turbulencias atmosféricas pero las ansias por llegar lo mitigaban todo. En la capital del estado de Colorado, tuvo que correr, tenía media hora para la siguiente conexión. Cuando subía al pequeño bimotor de hélices, recordó como murió John, John Denver y de nuevo lo atribuyó al cansancio.

Eran las diez menos cuarto de la noche, cuando aterrizaba en el aeropuerto municipal de Cheyenne. Suspiró aliviado. Se encontró la oficina de Hertz cerrada. Suerte que había un teléfono de emergencia y tras unos minutos de difícil conversación le dijeron que un “guy” le traería las llaves y el contrato. Él tenía su spanglish que había adaptado algo para entenderse con los pedantes ingleses, en Tejas, ya le había servido, pero aquí, en el estado de Wyoming todo le sonaba a indio. También se puso en contacto con el motel donde pensaba dormir. Les comunicó que llegaría tarde, muy tarde, tenía 306 millas por delante y un solo objetivo, llegar.

Casi a las once de la noche salía con un gran Chevrolet Trailblazer, y gracias al navegador, se situaba en la interestatal 25 que no tenía que abandonar las siguientes 176 millas. Pasado el pequeño pueblo de Chugwater, paró a tomar café. Hambre no tenía. Absorto en la sola idea de llegar no se dio cuenta de las miradas que le echaron los lugareños, nada envidiables a las que había visto en múltiples películas de la “América profunda”, pero claro, donde estaba sino en lo más profundo de ella. Tras repostar, reprendió la marcha. Para entretenerse, puso la radio, no estaba habituado a la aburrida conducción de los coches automáticos, pero encontró una emisora de música country, canturreaba las canciones, aunque no las supiese y daba golpecitos con los dedos sobre el volante. Dejó atrás Wheatland, Glendo, Douglas, Glenrock y Casper, donde esbozó una tierna sonrisa. Allí abandonó la interestatal para incorporarse a la autopista 20/26 oeste. Se sintió cansado y paró a estirar las piernas. El aire era gélido. En Shoshoni sabía que ya estaba muy cerca, solo unas 30 millas. Y llegó, eran las cinco y media de la madrugada.

El motel que había escogido, el Coachman Inn, estaba cerca del centro de Thermopolis, en el condado de Hot Springs, y era justo lo que había previsto, un edificio de una sola planta. Mientras se dirigía a la recepción pensaba en la “king bed” que le esperaba. Allí, sobre el mostrador, encontró un sobre a su nombre con las llaves de la habitación 11. Se duchó, lavó los dientes y se metió en la cama. Antes de cerrar los ojos, pensó que un terapeuta creería que lo que había hecho era como una especie de viaje al vientre de su madre, pero de nuevo lo atribuyó al cansancio. Lo había hecho sobre, debajo, y encima, pero nunca, nunca dentro. Memorizó los límites del condado y cerró los ojos. En su cabezá empezó a sonar "I walk the line".







martes, 2 de junio de 2009

Dadicilef



La fotografía que encabeza este post es más propia del blog de Stullfider que no de este experimento de blog. La canción decía “La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida” y la foto no es ni más ni menos que eso. Una sorpresa. El día 27 y la fila 72. Esa era nuestra fila. No se aprecian muy bien la S y la D. Me tocó “sinistra”. Estaba muy arriba. Casi en el cielo. Igual por eso toqué el cielo. El nombre del blog es un intento de escribir una palabra al revés. La dislexia apareció por ahí. Dos números costarían dislexiarlos. Ahí están.

Roma según este blog sería Amor. Lástima que no se llamase Dadicilef. Es lo que sentí. Tanto reírme de todo y con todo y me cuesta un montón expresar ese sentimiento tan sencillo como es la felicidad. Me lo pasé en, y a lo grande. Disfruté como hacía tiempo no lo hacía. Tuve la suerte de ganar, si, aquí jugamos todos, en París, pero fue un triunfo demasiado sufrido. Aquí, la suerte, que en esto del deporte influye y mucho, estuvo de nuestro lado. Fue como esas sinfonías que van marcando un “in-crescendo” hasta la apoteosis final. Y aún me dura, todas estas artimañas tecnológicas ayudan. Me gustaría transmitir y compartir con vosotros esta alegría, a parte de simpatías por los colores, no se como, igual estas líneas ayudan. Bueno, basta de sentimentalismos, venga, que sólo nos quedan seis. Jajajajaja.

martes, 26 de mayo de 2009

Cerco un centro di gravità...


Hace tres años, estaba cenando en casa de unos amigos. Respondí afirmativamente a una pregunta y tres semanas más tarde cruzaba la campiña francesa a 300 km/h abordo del TGV.

Hace una semana o dos, pasó algo similar. Me hicieron una pregunta parecida y hoy dormiré cerca de la playa donde jugaba “Tazio” y mañana atravesaré en coche la Toscana camino de la ciudad eterna.

Dos destinos diferentes, un mismo objetivo. Y sólo pasaba por ahí. Conclusión, se ha de estar continuamente “pasando por ahí”. La suerte de tener amigos generosos también cuenta y mucho.

Será un viaje gay uy, perdón quería decir guai, en que estaría yo pensando… Y también espero un final feliz, el inicio será duro, casi tres días sin vosotros, pero si vuelvo sin el preciado tesoro, siempre os tendré a vosotros.