Timosha y Sasha esperaban el momento mientras miraban con tensa distracción los escaparates de la boutique B. & N., algo más entretenidos que la mercería de enfrente. Habían llegado hacía pocas horas procedentes de Moscú. El martes, uno de febrero, los sofisticados sistemas de detección de la policía rusa –militsiya- , habían hecho saltar todas las alarmas. Un desastronauta, sin saberlo, se había metido en la boca del lobo. Vladímir Vladímirovich Putin, enfurecido por el ridículo de su policía, contactó con la mafia para que resolviesen el tema. Una cosa era escaparse por una infracción de tráfico y otra era jactarse en público de tener una manada.
El cuerpo, al parecer, del desastronauta yacía bajo las letras “aparcamiento los mártires”. Y en su blog se hizo el silencio.
El cuerpo, al parecer, del desastronauta yacía bajo las letras “aparcamiento los mártires”. Y en su blog se hizo el silencio.




