Serían eso de las siete de la tarde, cuando le oí llegar. Yo estaba estirado en el sofá mirando “Seven”. Hacía días que estaba preparándolo todo. Días atrás me puse a mirar “La gata sobre el tejado de zinc” y sin ir mas lejos, ayer puse un disco de Cat Stevens, que odio, pero sé que a él le gusta.
- Hooolaaa – dijo él.
- Hola –contesté yo, muy enfrascado en la película.
- ¿Otra vez mirándola? Pero… ¿cuantas veces la has visto?
- Calculo que… unas siete veces. Pssssit –le dije, estaba en la escena de la cena de los tres.
- Oye, chato –me dijo e inmediatamente supe que había llegado el momento, y prosiguió con el inevitable – Tenemos que hablar.
- Un momento, que ahora la Paltrow le pregunta “How long have you lived here? “- y va y me apaga la tele.
- Jooder, como eres, pero si no dura nada la escena…
- Es importante –me dice en un tono muy serio.
- Pues antes de que digas nada, yo también te quería decir algo –le dije anticipándome y proseguí – Estos últimos días he observado cosas que no me gustan…
- Si, si, de eso precisamen…
- No soporto que me mires con esa carita mientras tomo el café. Al final tengo que hacer ruido con la cucharita para “cortar” el ambiente.
- Pe… pe…
- Y me pongo a mil, cuando te pido consejo para vestirme. Solo haces que babear en vez de aconsejarme.
- Yo… no… -balbuceó el.
- Y estoy hasta el gorro del puto Sibelius. Me va el petardeo y reventar las canciones “a mi manera”, ¿ok?
- Ssssssssss –acertó a decir. La yugular se le empezaba a marcar.
- Y recuerda que cuando era joven fui camarero y odiaba el desdén de la gente que solo me pedía los platos y no me daba conversación.
- Pe… pe….
- Y de tu democracia participativa estoy hasta el moño, si quieres hacer algo, lo hacemos y punto. A que viene tanta preguntita, ¿Eh? ¿Eh?
- ……
- Y por último, empiezo a estas harto de cómo me follas. ¿Parezco un jarrón de porcelana de Sèvres que se va a romper en cualquier momento? ¿No sabes follar como un hombre? Putos maricones. Quiero que me revientes el culo, ¿te enteras?
En ese momento cayó desplomado. No veas la movida que hubo. Yo, llamando a una ambulancia, mientras le hacia un masaje cardíaco. Curiosamente el pezón no se le puso duro. Cuando lo sacaban de casa en la camilla, le pegaron un viaje a la puerta que si no la arreglo, cuando la vea, le coge otro patatús. Estuve sin noticias de él durante dos interminables horas. Sólo algún trasero de los pocos enfermeros que pasaban por allí me alegró tan angustiosa espera. Al final, salió un médico, del que sólo entendí su nombre, Yusuf, y me dijo que había tenido un infarto y bla bla bla. No es que no le escuchase, en mi cerebro oía “Yusuf, Yusuf…” Sabia que había una relación pero no la recordé. Solo oí el final, “tiene para unos siete días, entre UVI y planta”.
De vuelta a casa, me he visto con la obligación de abrir su ordenador y escribir este post. Sabía, desde que publicó su segundo “Siete gatos”, que hablaba de mi. Un día, googleando una canción descubrí su blog. Mientras iba arrancando el ordenador, me he hecho un café, me he sacado toda la ropa, no sabía a quien preguntarle que ponerme y me he quedado en pelotas, y finalmente he puesto el DVD de “Wayne's World” y buscado la escena del coche donde cantan Bohemian Rhapsody.
“Password”, me interpela el ordenador. Pienso unos segundos, sonrío y escribo “marramiau”. Y entro. Mientras leo el sexto “Siete gatos”, las lágrimas que me van cayendo sobre mi desnudo regazo, hacen crecer aquello que tan suave y exquisito trato le daba. Que hijo puta que soy. La que tenía que ser mi última vida ha estado a punto de acabar con la suya. Siete.
De vuelta a casa, me he visto con la obligación de abrir su ordenador y escribir este post. Sabía, desde que publicó su segundo “Siete gatos”, que hablaba de mi. Un día, googleando una canción descubrí su blog. Mientras iba arrancando el ordenador, me he hecho un café, me he sacado toda la ropa, no sabía a quien preguntarle que ponerme y me he quedado en pelotas, y finalmente he puesto el DVD de “Wayne's World” y buscado la escena del coche donde cantan Bohemian Rhapsody.
“Password”, me interpela el ordenador. Pienso unos segundos, sonrío y escribo “marramiau”. Y entro. Mientras leo el sexto “Siete gatos”, las lágrimas que me van cayendo sobre mi desnudo regazo, hacen crecer aquello que tan suave y exquisito trato le daba. Que hijo puta que soy. La que tenía que ser mi última vida ha estado a punto de acabar con la suya. Siete.
PS: Como tributo al enfermito ese, mirar el vídeo y veréis lo divertido que es hacer el gilipollas en el coche. Mira que le quiero… pero tampoco era para tanto.
cinco, creo que toca.
cinco, creo que toca.
