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jueves, 16 de julio de 2009

Siete Gatos VII

A ver como me sale.

Serían eso de las siete de la tarde, cuando le oí llegar. Yo estaba estirado en el sofá mirando “Seven”. Hacía días que estaba preparándolo todo. Días atrás me puse a mirar “La gata sobre el tejado de zinc” y sin ir mas lejos, ayer puse un disco de Cat Stevens, que odio, pero sé que a él le gusta.

- Hooolaaa – dijo él.
- Hola –contesté yo, muy enfrascado en la película.
- ¿Otra vez mirándola? Pero… ¿cuantas veces la has visto?
- Calculo que… unas siete veces. Pssssit –le dije, estaba en la escena de la cena de los tres.
- Oye, chato –me dijo e inmediatamente supe que había llegado el momento, y prosiguió con el inevitable – Tenemos que hablar.
- Un momento, que ahora la Paltrow le pregunta “How long have you lived here? “- y va y me apaga la tele.
- Jooder, como eres, pero si no dura nada la escena…
- Es importante –me dice en un tono muy serio.
- Pues antes de que digas nada, yo también te quería decir algo –le dije anticipándome y proseguí – Estos últimos días he observado cosas que no me gustan…
- Si, si, de eso precisamen…
- No soporto que me mires con esa carita mientras tomo el café. Al final tengo que hacer ruido con la cucharita para “cortar” el ambiente.
- Pe… pe…
- Y me pongo a mil, cuando te pido consejo para vestirme. Solo haces que babear en vez de aconsejarme.
- Yo… no… -balbuceó el.
- Y estoy hasta el gorro del puto Sibelius. Me va el petardeo y reventar las canciones “a mi manera”, ¿ok?
- Ssssssssss –acertó a decir. La yugular se le empezaba a marcar.
- Y recuerda que cuando era joven fui camarero y odiaba el desdén de la gente que solo me pedía los platos y no me daba conversación.
- Pe… pe….
- Y de tu democracia participativa estoy hasta el moño, si quieres hacer algo, lo hacemos y punto. A que viene tanta preguntita, ¿Eh? ¿Eh?
- ……
- Y por último, empiezo a estas harto de cómo me follas. ¿Parezco un jarrón de porcelana de Sèvres que se va a romper en cualquier momento? ¿No sabes follar como un hombre? Putos maricones. Quiero que me revientes el culo, ¿te enteras?

En ese momento cayó desplomado. No veas la movida que hubo. Yo, llamando a una ambulancia, mientras le hacia un masaje cardíaco. Curiosamente el pezón no se le puso duro. Cuando lo sacaban de casa en la camilla, le pegaron un viaje a la puerta que si no la arreglo, cuando la vea, le coge otro patatús. Estuve sin noticias de él durante dos interminables horas. Sólo algún trasero de los pocos enfermeros que pasaban por allí me alegró tan angustiosa espera. Al final, salió un médico, del que sólo entendí su nombre, Yusuf, y me dijo que había tenido un infarto y bla bla bla. No es que no le escuchase, en mi cerebro oía “Yusuf, Yusuf…” Sabia que había una relación pero no la recordé. Solo oí el final, “tiene para unos siete días, entre UVI y planta”.

De vuelta a casa, me he visto con la obligación de abrir su ordenador y escribir este post. Sabía, desde que publicó su segundo “Siete gatos”, que hablaba de mi. Un día, googleando una canción descubrí su blog. Mientras iba arrancando el ordenador, me he hecho un café, me he sacado toda la ropa, no sabía a quien preguntarle que ponerme y me he quedado en pelotas, y finalmente he puesto el DVD de “Wayne's World” y buscado la escena del coche donde cantan Bohemian Rhapsody.

“Password”, me interpela el ordenador. Pienso unos segundos, sonrío y escribo “marramiau”. Y entro. Mientras leo el sexto “Siete gatos”, las lágrimas que me van cayendo sobre mi desnudo regazo, hacen crecer aquello que tan suave y exquisito trato le daba. Que hijo puta que soy. La que tenía que ser mi última vida ha estado a punto de acabar con la suya. Siete.

PS: Como tributo al enfermito ese, mirar el vídeo y veréis lo divertido que es hacer el gilipollas en el coche. Mira que le quiero… pero tampoco era para tanto.

cinco, creo que toca.

jueves, 2 de julio de 2009

Siete Gatos VI

Hoy toca. Hemos llegado a tal punto de entendimiento, que salvo “subidones” súbitos tenemos nuestros días prefijados. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero es lo que hay.

Nos desvestimos para la ocasión. Solo lo mínimo, esa prenda que se lleva en la parte inferior del torso. Retiro el cubrecama y se tumba. Y dice “Ven”. Lo tomo como que tiene unas ganas tremendas y no como una obviedad, o acaso, ¿me tengo que ir?

Siempre lo hace. Procura coger mi lado de la cama. Seguro que es para descolocarme. No querría ser mal pensado pero igual me quiere suplantar y hacer el amor consigo mismo. Igual me estoy volviendo paranoico.

Los prolegómenos transcurren con un beso por aquí y otro por ahí. Caricias no faltan. Intento no fijarme en el tic nervioso que tiene. Se retira continuamente el pelo de la cara, primero tirando un poco de aire hacia arriba, para después acompañarlo con el dorso de la mano. Cuanto la temperatura ha alcanzado el nivel justo, procedemos a sacarnos la última prenda. Cómo no, hace lo mismo de siempre. “Ummm” dice, mientras huele ese pequeño trozo de tela. Me los había puesto limpios después de ducharme, haría no menos de media hora. Nuestra ropa se lava con el mismo suavizante. ¿He tenido tiempo de marcar territorio? Procuro no darle más importancia. Concentración. Concentración.

Curiosamente no ha ocurrido. Después de trabajarme las partes inferiores, no ha empezado con el típico “ggghhhrrrr, ggghhhrrrr”. ¿Me habré depilado sin darme cuenta o sólo me ha trabajado la puntita? La verdad, la cara que pone cuando intenta sacarse del paladar un pelillo, la odio, pero como el odio hace el amor, la he encontrado a faltar.

Definitivamente, hoy es mi día de suerte. No hay más que un tipo de profilácticos, y me ahorro el regateo de texturas y gustos, a fin de cuentas será mutuo, el gusto. Los jadeos, más propios de una película porno, los tengo asumidos. Lo que me cuesta más es que me pregunte si la postura me va bien Si el jadea, y yo no cambio, me tiene que ir bien, no se, supongo. Como soy de pocas palabras, cambio de postura. Concentración. Concentración.

Hasta aquí, mis queridos lectores, es todo lo que recuerdo. La cantidad de sangre que tengo que bombear me acaba pasando factura, y no tengo la suficiente irrigación en el cerebro como para poder acordarme de nada más. Se que acaba satisfactoriamente por determinadas pruebas viscosas, y que por su localización y cantidad denotan un final, cuanto mínimo, satisfactorio.

Ya, en la post tranquilidad, donde tengo su cabeza en mi pecho, y mis manos le acarician ese pelo, que tanto trabajo le da, donde el único sonido audible es nuestra respiración queda roto cuando lanza la inexorable pregunta.

- ¿Te ha gustado?

Mi respuesta es clara, sigo acariciándole el pelo aunque las ganas de estirárselo en un súbito ataque de rabia, las tengo. Noto que algo crece. La carne es débil y poco hecha, más. Seis.

jueves, 25 de junio de 2009

Siete Gatos V

Domingo por la mañana. Cerca del mediodía. Me levanto. Si no me muevo yo, aquí no se mueve nadie. Después de la visita inexcusable voy a la cocina. Tres naranjas tres, pasan por el exprimidor. Un fifty fifty, ingiero mi parte y le llevo la suya a quien yacía a mi lado. Se hace el dormido pero esperaba que hiciese esto.

- ¿Que te apetece hacer hoy? –le pregunto.
- No se.
- Bueno, te lo piensas mientras me ducho.
-¿Que? -le pregunto entrando con la gran toalla enrollada en la cintura.
- Que ¿de que?
- ¿Que qué te apetece hacer?
- Ah, no se.
- Podríamos ir a la playa, hace un día espléndido.
- Uf, con las locas de tus amigos.
- No creo que estén, recuerda como estaban ayer noche.
- No se.
- Y que tal si vamos a tomar un vermut a una terraza.
- ¿Ya?
- Si ya -contesto algo impaciente.
- No se.

Al cabo de un rato pertrechado de dos diarios con sus correspondientes suplementos dominicales, entro en una cafetería, solo.

- Hola! -digo mientras entro en casa.
- Hola! -oigo a lo lejos. Le encuentro en la cama, aun.
- ¿Que te apetece comer?
- No se.
- Voy a preparar algo, mientras te duchas.
- Bueno.

Comemos un poco de pasta fresca y un bistec de buey, que estaba tremendo, sea dicho de paso. Mientras él toma café, yo arreglo la cocina. La experiencia es un grado. Ya repantigados en el sofá le digo:

- ¿Quieres ir al cine?
- No se -contesta
- ¿Y que te gustaría ir a ver?
- No se.
- “Caroline” me han dicho que esta bien.

Cuando me giro le veo sumido en un profundo sueño. A eso de las siete, se despierta y merienda unas “Oreo”. “No se porque le compro esas putas galletas" pienso.

- Oye ¿te apetece que vayamos a tomar algo, a aquel sitio que te gusta tanto?
- No se.
- ¿No quieres hacer nada?
- No se.

Después de cenar, en un arrebato de iniciativa sin precedentes dice:

- Estoy muy cansado, me voy a dormir.
- No se -contesto yo. Cinco.

jueves, 11 de junio de 2009

Siete Gatos IV

Entramos en el restaurante, tras darnos a conocer y comprobar la reserva, nos acompañan a una mesa.

- Un sitio muy agradable.
- Si, no recuerdo quien me lo comentó –digo, más bien miento, lo saqué de una reseña de algún dominical.

Él, una vez situadas sus apetecibles posaderas en la butaca, empieza con el ritual que me empieza a poner… de los nervios. Deja caer la servilleta en su regazo, desplaza unos centímetros los cubiertos, alejándolos del plato de cortesía y resitúa las copas unos milímetros. La escena es más propia de Kasparov antes de empezar una partida.

- ¿Desean beber algo los caballeros?
- Yo me esperaré al vino, ¿y tú?
- También –contesta. Cuento mentalmente hasta cuatro y cuando el camarero ya se ha alejado un par de metros, dice:
- Una cañita, por favor –suerte que lo dice mirando al camarero, porque yo lo digo al unísono con los labios.

Repasamos la carta. Nada nuevo bajo el sol. Es la primera vez que venimos, pero la oferta de platos, es más de lo mismo.

- ¿Los señores lo saben ya? –pregunta muy educadamente el maître. Inexorablemente mi acompañante formula la pregunta esperada.
- ¿Tienen algo aparte de la carta? –con una entonación que denota interés. Falso.

Nos recita unos cuantos platos de productos de temporada y después unos pocos pececitos, de aquellos que no ponen en la carta por que no les caben los ceros. Antes de que él se lo diga, me anticipo, solo para joderlo.

- Nos lo pensamos un poco más –digo yo.
- ¿Y tú que tomas? –me pregunta. Sigue el manual al pie de la letra.
- Como siempre, algo suave de primero y un pescadito de segundo.
- Pero siempre pides carne –dice. No distingo bien si ha puesto énfasis en esta última palabra.
- Ya, pero hoy no es siempre.
- Buenoooo, como estaaaas.-dice, para seguir con -¿Pero de primero que?
- Unas habitas baby salteadas con jamón.
- Pués yo pediré una ensalada de espinacas, piñones y queso parmesano.
- Lástima que siempre pidas queso. No podré picar –eso está en mi Manual de Respuestas Neutras aunque en realidad podrían estar en mi Libro de Reclamaciones.
- Y después unos riñones al Jerez –dice. Yo tiemblo. Como no estén muy limpios la arma.

Después de pedir y tener una cena sin más sobresaltos que los de rigor y tras unos postres que paradójicamente amargan más que endulzar, me dice:

- Creo que he cenado demasiado –esto aparece en la página 5, apartado 4 de “Se lo que va a pasar”.
- Si, es lo que tiene, cenar dos platos y postre, mendigando de otros platos –y pienso “que educado que eres, más que mendigar parecía un saqueo”.

La escena del café está sacada del manual “Voy de notas: Epílogo”. Ha cambiado tres veces de “parecer” al pobre camarero, por este orden: café solo, cortado (muy corto de leche), carajillo y café solo. Del tema descafeinado hoy no se ha acordado. Buf.

A mí, que el vino me ha hecho bajar las defensas, no voy a la greña, y pido directamente la cuenta, aunque tendría que haber pedido la recortada, porque si lo vuelve hacer lo mato. Y lo hace. Me traen la cuenta, el rápidamente la coge y dice:

- La relación calidad precio es equilibrada –y deja la cuenta en la mesa.

Pago mientras pienso “¿Los cerdos dicen lo mismo de las bellotas? Cuatro.

miércoles, 3 de junio de 2009

Siete Gatos (III)

- Cariño, que es muy tarde –digo con voz subida, mientras bajo el volumen de la tele.
- Me estoy poniendo la espuma -grita desde el lavabo. Yo pienso, “Otra vez acariciando esa cabecita de cartón-piedra”.
- Acelera!!!
- Vaaaaale!

Yo sigo con lo mío, el zapping. Cuando tenga artrosis en las manos no se que voy a hacer.

- ¿Que puedes venir? No se que ponerme –vuelve a gritar.

Joder, ya empezamos. - Voy -grito. Esta casa es de locos. Apago todos los aparatos y me digo "venga, ánimo". Entro en la habitación y me lo encuentro en pelotas.

- ¿Aun estas así?
- Es que no se que ponerme –se reafirma.
- Cualquier cosa, ya sabes que no me gusta verte así.
- Pero si estoy divino.
- Por eso, pero es que hemos quedado –le digo mientras me siento en el borde de la cama.
- La camisa esa tan pija que me regalaste, ¿que tal?
- Ah, bien.
- ¿Quieres decir? Me la puse hace tres semanas.
- Bueno, pues…
- ¿Y esta? -dice sosteniendo otra delante suyo con el colgador.
- Bueno -contesto. No me gusta, pero me la suda.
- ¿Quieres decir? -me dice, sosteniéndola esta vez en un costado.
- No se, lo que tu digas.
- Ya, pero me gusta que me aconsejes.
- A mi me esta bien.
- Y que pantalones me pongo.
- Los pitillos aquellos, los verde manzana.
- ¿Si?
- Si -lo digo para abreviar. Le quedan para cortar el hipo, pero no soporto que todo el mundo lo mire. Y ahora viene lo peor, los calzoncillos.
- ¿Y que me pongo debajo?
- Hostia puta, los que quieras. ¿Te los va a ver alguien?
- No, pero ya sabes que me gusta que me queden bien.
- Mira, lo que mejor le queda a tu polla es mi boca y a tu culo….
- Ains, que bruto que eres.
- Pues ponte lo que te apetezca, coño, que nos esperan.
- Tú tendrás problemas de corazón, relájate.
- Ya no puedo más.
- ¿Por qué?
- Porque ahora empezarás con los calcetines.
- Si, ¿y?
- Que el último día estuviste casi diez minutos, para después acabar con chanclas.
- Rencoroso.
- Acelera.
- No me apremies que empiezo a sudar y me tendré que volver a duchar.
- Vale, vale –contesto. Yo no sudo, solo babeo. Se me cae la baba por él, pero esta vez son babas de rabia. Tres.

lunes, 25 de mayo de 2009

Siete Gatos (II)

Vamos en coche. La carretera, de curvas. El tramo es largo. Las ventanillas están bajadas y un aire fresco inunda el habitáculo. Se esta acabando un cd de “indie”, un poti poti de cosas que proponen por ahí.
El cd se acaba. Se lo que pasará. Es el precio a pagar por el “indie”. Aguanta.

- Oye, ¿ponemos aquel que me gusta tanto?
- Si, tu mismo -contesto lacónicamente -está en la guantera.

Suena la primera canción y cuando va a llegar el primer estribillo me digo "vamos allá":

- Búscate un hombre que te quiera y que te tenga llenita la nevera -ruge con un acento entre cheli y agitanado.
Yo pienso, "mamón de mierda, si ya lo tienes, si solo hago que estar en el súper". Gracias a Dios, tener que adelantar a dos coches me distrae de los estribillos siguientes, aunque me quedo pensando en eso de la "chuquera". Paciencia. En la que empieza a sonar a continuación, la patada viene al principio.

- Guapoooo, guapoooo….

A parte de que se lo crea y lo es, la puta canción "Uh oh, Uh oh" de Lumidee dice eso, lo del título, no guapo! Entro en una curva pasadito y he frenar bruscamente. Por suerte también frena el guapo. Hago un doble embrague y sin querer (o si) le doy al salto de canción.

- A gat chuuuuuts de mot tu playeeeent… -canta, haciendo movimientos a lo Travolta.
- Jooooder –se me escapa.
- ¿Cómo?
- No nada, pensaba que aquel tractor iba a entrar -y consigo que pierda el hilo del “You're the one that I want”.

Que rabia me da. ¿Cómo es posible que un rubito finito como él pueda hacer eso? Deja ir algún "ooh ooh ooh, honey", pasable. Por suerte es relativamente corta y se acaba, pero vamos encaminados al desastre total. Con su peor tono y una voz de pito para intentar un falsete desafina diciendo:

- Saking tu de jal lalipopop... sei lo, sei lo...

Pobre Mika y pobre chupa-chups. Que coño, pobre de mi! De la siguiente curva salgo fuerte y el coche derrapa en exceso, pero dos golpes de volante lo arreglan todo. Unos metros más allá me detengo.

- ¿Que pasa?
- Nada, que me he mareado –miento.

Salgo del coche. Respiro profundamente. Paseo unos metros. Al volver a entrar en el coche le digo:

- ¿Te importa que ponga Sibelius? Quiero disfrutar del paisaje.
- Bueno, con lo bien que me lo estaba pasando…

La probabilidad de auto accidentarnos era muy alta. La de James Blunt que seguía, el "You're beautiful" la cantaba como "I'm beautiful". Dos.


lunes, 18 de mayo de 2009

Siete Gatos (I)

- ¿Otro café?
- Bueno, si
- Creo que bueno si que lo es.
- Si, si.

Cojo la cafetera y le lleno la tacita, hasta un dedo del borde. Consigo no derramar ni una gota, eso es importante, después cuesta sacar la mancha del mantel. Él, se acerca la azucarera y se sirve un cucharadita.

Empieza su ritual. “Dring, Dring, Dring”. Con suma delicadeza, sujetando el cubierto con el pulgar y el índice realiza un ligero movimiento circular, el resto de los dedos, rígidos, apuntan no se donde. “Dring, Dring, Dring”. Me empiezo a poner nervioso. ¿Serán las tacitas, será esa mini cucharita lo que hacen ese ruidito? En casa de mi abuela no hacían ese ruido. Y después “Clinc Clinc”. Golpea la cucharita en el borde de la tacita y se la acerca a la boca. Mis nervios van en aumento. Voltea el diminuto cubierto en su boca, y lo deja en el platito mientras con los labios hace un leve movimiento, casi imperceptible. “Que pare, que pare”, pienso yo. Pero no, hoy será como siempre. Con los mismos dedos que ha utilizado para la cucharita coge la tacita. Esta vez, el corazón y el anular están recogidos, pero el meñique sigue rígido. Se la lleva a la boca y sorbe un poco. Yo dirijo mi mirada hacia el techo, allá donde teóricamente apunta el meñique. Oigo el inevitable “srup”. Hoy por suerte miraba al techo, pero mi cuerpo ya está rígido, dispuesto al ataque. Con parsimonia deja la tacita en el platito y se oye el insufrible “aahhhh”, de satisfacción, supongo.

- Si, es bueno –dice.
- Es lo que hay –respondo.

Respiro profundamente. Tengo la cafetera a mano. Tengo su cara a mi alcance. Será rápido.

Vuelvo a respirar profundamente, esta vez expulso sonoramente el aire por la nariz. No sé cuando empecé a fijarme en demasiadas cosas. Me relajo. Me siento magnánimo. Se lo perdono, pero me la apunto. Una.