Justo antes de cerrar la puerta de mi piso, comprobación de rutina. Llaves de casa, ok. Cartera, ok, Móvil, ok. Veo que la luz del recibidor está apagada y salgo. Dos vueltas a la cerradura. De vez en cuando la llave hace juego, la tendría que cambiar por una electrónica de esas de combinación, pero ¿y si me olvido un día la combinación? No soy olvidadizo pero algún día me olvido dejar en el baúl de los olvidos mi límite de alcohol, que curiosamente y dicho sea de paso, tengo olvidado, no podría entrar. El día que lo haga, dejaré la cerradura actual, pero deshabilitada, está bien meter cosas en algún sitio y saber como vas de puntería (con “n”) .
Cuatro pisos. Rara vez cojo el ascensor, leí en un sitio que subir y bajar refuerza los glúteos. Yo que soy obediente, los refuerzo, de subida y de bajada. Ya hace tiempo que no corro, por las escaleras. Lo hice cuando era un niño y de adolescente también y siempre los dos últimos escalones de cada tramo los pasaba con un saltito. Una época fueron tres, pero las caídas se multiplicaron y el ruido de los aterrizajes levantó más de una queja entre los vecinos. Algún día tengo que volver a aquella finca y fotografiar los tres tramos de escaleras que hay entre piso y piso y la preciosa caja del ascensor protegida por una valla metálica. Las escaleras de casa de mis padres eran “como las de antes”, estaban hechas para correr y eran siete pisos!!! Ahora, las escaleras, sólo tienen la desgraciada e inútil función de ser una vía transitable cuando no funciona el ascensor o el refugio de ilusos que pretenden hacer ejercicio.
Cuando paso por delante del primero tercera inevitablemente miro la puerta. Ya hace más de tres años que el precinto judicial desapareció pero es de aquellas imágenes que se te quedan guardadas en la memoria toda la vida. Que le clavaran 20 o 30 puñaladas a una viejecita, es lo de menos. La vecina de la puerta contigua la encontró, tampoco tiene mucho mérito, tuvimos que pintar el techo de nuevo la portería, para que después hablen de calidad en la construcción. Ahora vive “un parejo”, bueno, no es una expresión mía pero al cabo de un tiempo, al capullo inventor de aquella expresión, le dije,
- Ves, la gente es mala y dice cosas que no son ciertas.
- ¿Por qué lo dices?
- Por que no hemos tenido que pintar de nuevo el techo de la portería.
- ¿Cómo?
- ¿Has visto alguna mancha de aceite? –y le deje sin esperar respuesta.
Paso por delante de los buzones y siempre que salgo por la mañana tengo la tentación de mirar si hay algo. Absurdo, si. Alguna vez he pensado que si me dejan un paquete bomba, sería absurdo morir a primera hora de la mañana, te estropea el día. Salgo de casa.
Nota: Siguiendo los consejos de Eddy Thor he escogido la historia de "Paranoia I" y enrrollarme cual persiana. El texto que precede es la ampliación de las primeras tres palabras. Espero críticas voraces de los estimados lectores. Esto de darle pinceladas autobiográficas, ¿esta bien?. Eh, eh, que nadie se piense que soy el asesino.
Cuatro pisos. Rara vez cojo el ascensor, leí en un sitio que subir y bajar refuerza los glúteos. Yo que soy obediente, los refuerzo, de subida y de bajada. Ya hace tiempo que no corro, por las escaleras. Lo hice cuando era un niño y de adolescente también y siempre los dos últimos escalones de cada tramo los pasaba con un saltito. Una época fueron tres, pero las caídas se multiplicaron y el ruido de los aterrizajes levantó más de una queja entre los vecinos. Algún día tengo que volver a aquella finca y fotografiar los tres tramos de escaleras que hay entre piso y piso y la preciosa caja del ascensor protegida por una valla metálica. Las escaleras de casa de mis padres eran “como las de antes”, estaban hechas para correr y eran siete pisos!!! Ahora, las escaleras, sólo tienen la desgraciada e inútil función de ser una vía transitable cuando no funciona el ascensor o el refugio de ilusos que pretenden hacer ejercicio.
Cuando paso por delante del primero tercera inevitablemente miro la puerta. Ya hace más de tres años que el precinto judicial desapareció pero es de aquellas imágenes que se te quedan guardadas en la memoria toda la vida. Que le clavaran 20 o 30 puñaladas a una viejecita, es lo de menos. La vecina de la puerta contigua la encontró, tampoco tiene mucho mérito, tuvimos que pintar el techo de nuevo la portería, para que después hablen de calidad en la construcción. Ahora vive “un parejo”, bueno, no es una expresión mía pero al cabo de un tiempo, al capullo inventor de aquella expresión, le dije,
- Ves, la gente es mala y dice cosas que no son ciertas.
- ¿Por qué lo dices?
- Por que no hemos tenido que pintar de nuevo el techo de la portería.
- ¿Cómo?
- ¿Has visto alguna mancha de aceite? –y le deje sin esperar respuesta.
Paso por delante de los buzones y siempre que salgo por la mañana tengo la tentación de mirar si hay algo. Absurdo, si. Alguna vez he pensado que si me dejan un paquete bomba, sería absurdo morir a primera hora de la mañana, te estropea el día. Salgo de casa.
Nota: Siguiendo los consejos de Eddy Thor he escogido la historia de "Paranoia I" y enrrollarme cual persiana. El texto que precede es la ampliación de las primeras tres palabras. Espero críticas voraces de los estimados lectores. Esto de darle pinceladas autobiográficas, ¿esta bien?. Eh, eh, que nadie se piense que soy el asesino.



