jueves, 9 de julio de 2009

Paranoia I (1f/1p)


Justo antes de cerrar la puerta de mi piso, comprobación de rutina. Llaves de casa, ok. Cartera, ok, Móvil, ok. Veo que la luz del recibidor está apagada y salgo. Dos vueltas a la cerradura. De vez en cuando la llave hace juego, la tendría que cambiar por una electrónica de esas de combinación, pero ¿y si me olvido un día la combinación? No soy olvidadizo pero algún día me olvido dejar en el baúl de los olvidos mi límite de alcohol, que curiosamente y dicho sea de paso, tengo olvidado, no podría entrar. El día que lo haga, dejaré la cerradura actual, pero deshabilitada, está bien meter cosas en algún sitio y saber como vas de puntería (con “n”) .

Cuatro pisos. Rara vez cojo el ascensor, leí en un sitio que subir y bajar refuerza los glúteos. Yo que soy obediente, los refuerzo, de subida y de bajada. Ya hace tiempo que no corro, por las escaleras. Lo hice cuando era un niño y de adolescente también y siempre los dos últimos escalones de cada tramo los pasaba con un saltito. Una época fueron tres, pero las caídas se multiplicaron y el ruido de los aterrizajes levantó más de una queja entre los vecinos. Algún día tengo que volver a aquella finca y fotografiar los tres tramos de escaleras que hay entre piso y piso y la preciosa caja del ascensor protegida por una valla metálica. Las escaleras de casa de mis padres eran “como las de antes”, estaban hechas para correr y eran siete pisos!!! Ahora, las escaleras, sólo tienen la desgraciada e inútil función de ser una vía transitable cuando no funciona el ascensor o el refugio de ilusos que pretenden hacer ejercicio.

Cuando paso por delante del primero tercera inevitablemente miro la puerta. Ya hace más de tres años que el precinto judicial desapareció pero es de aquellas imágenes que se te quedan guardadas en la memoria toda la vida. Que le clavaran 20 o 30 puñaladas a una viejecita, es lo de menos. La vecina de la puerta contigua la encontró, tampoco tiene mucho mérito, tuvimos que pintar el techo de nuevo la portería, para que después hablen de calidad en la construcción. Ahora vive “un parejo”, bueno, no es una expresión mía pero al cabo de un tiempo, al capullo inventor de aquella expresión, le dije,

- Ves, la gente es mala y dice cosas que no son ciertas.
- ¿Por qué lo dices?
- Por que no hemos tenido que pintar de nuevo el techo de la portería.
- ¿Cómo?
- ¿Has visto alguna mancha de aceite? –y le deje sin esperar respuesta.

Paso por delante de los buzones y siempre que salgo por la mañana tengo la tentación de mirar si hay algo. Absurdo, si. Alguna vez he pensado que si me dejan un paquete bomba, sería absurdo morir a primera hora de la mañana, te estropea el día. Salgo de casa.

Nota: Siguiendo los consejos de Eddy Thor he escogido la historia de "Paranoia I" y enrrollarme cual persiana. El texto que precede es la ampliación de las primeras tres palabras. Espero críticas voraces de los estimados lectores. Esto de darle pinceladas autobiográficas, ¿esta bien?. Eh, eh, que nadie se piense que soy el asesino.

Business I

Estaba yo en mi estudio, si, si, como gran escritor que pretendo ser, tengo una pequeña estancia de 25 metros cuadrados, con tres paredes repletas de libros, todos ellos estudiadamente desordenados, y una gran mesa de trabajo, de madera, con mi laptop encendido, el editor de textos abierto, y la mirada fija en el lomo de un libro de Flaubert, de esos libros de antes, que da gusto verlos ya que leerlos es otra cosa, cuando note que el móvil vibraba. Bajé de inmediato el concierto para violín de Sibelius, y me quedé mirando como se movía ligeramente el teléfono por la mesa y escuchando ese zumbido ronco del vibrador. No podían los señores de Nokia haber puesto un zumbido de su paisano, pensé. Y claro, tanta observación y pensamientos absurdos causaron la pérdida de la llamada. Recuperé la llamada y vi que era de Eddy Thor. Inmediatamente le llamé.

- Hola Eddy.
- Hola Chevy.
- ¿Qué tal, como va todo?
- Pues nada, trabajando, y tú, ¿como estas?.
- Bien, bien, estaba mirándole el lomo a Gustave, por si me inspiraba algo…
- De eso te quería hablar.
- ¿De inspiración o de lomo?
- De creación.
- Hombre, tu ya sabes que soy más darviniano, pero ya sabes que si es necesario vuelvo a entrar en el armario religioso.
- No, tranquilo, deja el armario en paz. Es de creación literaria, que quería hablar.
- Ah, bueno, si, ya sabes que en esto, los autores nos parecemos a los delanteros centros, va por rachas.
- Sabes que siempre he valorado mucho tu alto grado de autoestima, pero yo te situaría de media punta, con recorrido, por la izquierda.
- Eddy, ¿tu me has visto empalmado alguna vez?
- No, ya sabes lo de la olla y lo de la…
- Es que me acabas de describir…
- Chevy, perdona que te interrumpa, pero quería hablar, no desvariar.
- Ah, si, bueno, tu dirás.
- Verás, el tema del versionado de las obras maestras de la literatura universal “a tu manera”, ha tenido salida y muy buena.
- Pues no lo he notado mucho con los derechos de autor.
- Eso lo tienes que hablar con el Sr. Itos, tú llamas a Mangu y lo aclaras todo.
- ¿Necesitas nuevo material versionado?
- Estaría bien, pero te quería hablar de otro tema. He leído alguna cosa tuya, de producción propia, y creo que tiene posibilidades.
- Pues nada, ya sabes, publícala.
- Hay un pequeño problema. Es corta.
- El tamaño no importa.
- En este caso, si. Un libro de una cuartilla, por lo extravagante, seguro que se vendería, pero yo vendo libros, no gadgets.
- ¿Me estas pidiendo que masturbe mis obras?
- ¿Cómo?
- Perdona, ¿que las llene de paja?
- Si, pero tampoco te pases como el sueco ese que de un periodista y una esmirriada demente bisexual ha sacado una trilogía de un montón de páginas.
- Bueno, no te asegura nada, pero lo intentaré.
- Por cierto, ¿que es ese ruido de fondo que se oye?
- Un disco rallado.
- ¿Aún pones discos de vinilo?
- No hombre, no. Un amigo me empalmó… un loop de 20 minutos con ese sonido, y en la reproducción aleatoria del Ipod cae de vez en cuando, y no veas como me relaja.
- Chevy, a veces pienso que estas como una cabra.
- Yo también te quiero, Eddy.

miércoles, 8 de julio de 2009

Abusos deshonestos V

- Hola
- Hola
- ¿Sabías que me han realizado la amputación del repliegue cilíndrico de piel de mi órgano copulador, lo que me deja al descubierto la cabeza del miembro viril?
- Eso es un circunloquio.
- No, el cirujano me dijo que se llamaba circuncisión.
- No, si, ya, pero yo me refería a la forma como lo has descrito.
- Te entiendo, pero si hablo de prepucios, pollas, glandes y frenillos, me excito y no sabes como duele…
- Y... a tu edad... ¿no es un poco tarde?
- Hombre, si, llevaba 14 meses en lista de espera.
- Ya, pero tienes... 38 años, ¿no?
- Si, pero hasta ahora, verás... yo... mi vida en lo relativo al placer venéreo era autosuficiente, como lo del Juan Palomo, yo me lo guiso yo me lo...
- ¿Me estás diciendo que llevas 38 años matándote a pajas?
- Uyyyyy. Calla, calla, que me empieza a doler.
- Perdona.
- Es que verás, al final me decidí a compartir con alguien mas, eso que antes he llamado placer venéreo.
- ¿Sexo?
- Joder, como te lo tengo que decir...
- Perdona, perdona.
- Como te decía, cuando entramos en el tema de las partes bajas, me cogió con la mano aquello que tiene cuerpos cavernosos y tiro hacia abajo con mucha fuerza y casi me desgarra el “little brake”.
- ¿El queeee?
- El frenillo, joder.
- Ah, perdona.
- Yo no lo sabía, pero lo tengo muy grande.
- ¿El “little brake”?
- No, la cabeza del...
- ¿El glande?
- Siiiiii, uyyyyy.
- Perdona.
- Y ya puestos, también pedí que me hicieran la vasectomía.
- ¿Pero tú no eras de esos que tienes inclinación hacia individuos de tu mismo… eso?
- Si, pero como la ciencia avanza, ya sabes el dicho, más vale prevenir que curar.


NOTA: Como se ha observado, el abuso de hoy trata de la perífrasis o circunloquio, que según la wikipedia (esa enciclopedia tan fimosa) “consiste en designar de forma indirecta un concepto a través de un conjunto de sus características”. De forma más o menos chapucera (como el partner del operado), he colocado cuatro. Si alguien tiene problemas de estos, que no vaya al médico y le diga “tengo perífrasis”, mejor decir “nene pupa”.

martes, 7 de julio de 2009

Paranoia I


Salgo de casa, como cada día me dirijo a la parada del metro. No esta muy lejos. Camino despreocupado pero algo, no se que, me ha llamado la atención. Me giro, y a unos treinta metros veo que un tipo mira hacia el otro lado de la calle. No le doy excesiva importancia, bueno, si, pero continuo andando. Pasado un rato me vuelvo a girar. Y le vuelvo a ver, esta vez algo más lejos, aparentemente detenido delante de un escaparate. Mirar escaparates en una zona poco comercial y a las ocho de la mañana es raro. Raro también es detenerse a mirar delante de una peluquería, que por distancias es donde debe estar. Me está siguiendo, fijo. Alzo la vista y veo la noria. Suspiro, es el Tibidabo, no el Prater.

Unos cincuenta metros mas adelante, me paro yo, delante de una clínica veterinaria. Contemplo los pasquines y cartelitos colgados en los vidrios y veo que él pasa, en la misma dirección que iba yo. Le doy cierta ventaja y me convierto en perseguidor. En mi cabeza suena cierta música de cítara. A medida que nos acercamos a la estación me cuesta más verlo, cada vez hay más gente que se interpone en mi campo visual, hasta que le pierdo. "Mierda", pienso.

Llegado a la estación, valido mi bono, y me meto en uno de los ascensores, justo antes de que se cierren las puertas. Miro a mi derecha y descubro un hombre que tiene los ojos clavados en mi. Le aguanto la mirada hasta que él la baja. ¿Será ese el que me seguía? Vuelve a alzar la vista pero cuando nuestras miradas se cruzan, la desvía en otra dirección.

- Perdona -oigo a mi espalda. Mientras me giro descubro al vecino del sexto, creo.
- Si -contesto yo.
- ¿Sabes que horario hacen en la peluquería?
- No, lo siento, yo voy a un estilista.
- Ah -contesta y prosigue - No sabía que tenías un animal de compañía.
- Y yo tampoco.

Lo sabía, el del sexto es el tercer hombre.

viernes, 3 de julio de 2009

Tratamiento I

Siguiendo los consejos de mi terapeuta, esta tarde he llamado al ayuntamiento.

Titututititi.
bzuui bzuuu bzuuu.

- Ayuntamiento de Barcelona, dígame.
- Hola, ¿me puede poner con bancos?
- ¿Perdón?
- Si, ¿si me puede poner con bancos?
- Esto es el ayuntamiento.
- Si ya lo se, pero necesito hablar con los que se ocupan de los bancos.
- Ah, ¿quiere hablar con contabilidad?
- No, no me interesa ni si deben bancos ni se haber bancos que de haberlos haylos.
- ¿Entonces?
- Quiero saber quien se ocupa en la distribución de los bancos.
- Perdone, pero creo que eso depende de la iniciativa privada.
- Pues páseme con "iniciativa privada".
- Disculpe, pero creo que no me ha entendido. Son los propios bancos que deciden la distribución de sus oficinas.
- ¿Oficinas?
- Si, oficinas bancarias. Bancos.
- Me parece que se confunde. Yo le preguntaba por bancos, esos que están en la vía pública y parques.
- Ah, haber empezado por aquí. De esto se ocupa urbanismo o parques y jardines, depende.
- Pues páseme con urbanismo.
- No, no puedo.
- ¿Por que? ¿No trabajan?
- No. Por la tarde no vienen. Es por la mañana que no trabajan.
- Gracias -y cuelgo.

Tengo sensación de derrota. Estoy en un callejón sin salida. Vuelvo al terapeuta o intento llamar por la mañana?

jueves, 2 de julio de 2009

Siete Gatos VI

Hoy toca. Hemos llegado a tal punto de entendimiento, que salvo “subidones” súbitos tenemos nuestros días prefijados. Tiene sus ventajas y sus inconvenientes, pero es lo que hay.

Nos desvestimos para la ocasión. Solo lo mínimo, esa prenda que se lleva en la parte inferior del torso. Retiro el cubrecama y se tumba. Y dice “Ven”. Lo tomo como que tiene unas ganas tremendas y no como una obviedad, o acaso, ¿me tengo que ir?

Siempre lo hace. Procura coger mi lado de la cama. Seguro que es para descolocarme. No querría ser mal pensado pero igual me quiere suplantar y hacer el amor consigo mismo. Igual me estoy volviendo paranoico.

Los prolegómenos transcurren con un beso por aquí y otro por ahí. Caricias no faltan. Intento no fijarme en el tic nervioso que tiene. Se retira continuamente el pelo de la cara, primero tirando un poco de aire hacia arriba, para después acompañarlo con el dorso de la mano. Cuanto la temperatura ha alcanzado el nivel justo, procedemos a sacarnos la última prenda. Cómo no, hace lo mismo de siempre. “Ummm” dice, mientras huele ese pequeño trozo de tela. Me los había puesto limpios después de ducharme, haría no menos de media hora. Nuestra ropa se lava con el mismo suavizante. ¿He tenido tiempo de marcar territorio? Procuro no darle más importancia. Concentración. Concentración.

Curiosamente no ha ocurrido. Después de trabajarme las partes inferiores, no ha empezado con el típico “ggghhhrrrr, ggghhhrrrr”. ¿Me habré depilado sin darme cuenta o sólo me ha trabajado la puntita? La verdad, la cara que pone cuando intenta sacarse del paladar un pelillo, la odio, pero como el odio hace el amor, la he encontrado a faltar.

Definitivamente, hoy es mi día de suerte. No hay más que un tipo de profilácticos, y me ahorro el regateo de texturas y gustos, a fin de cuentas será mutuo, el gusto. Los jadeos, más propios de una película porno, los tengo asumidos. Lo que me cuesta más es que me pregunte si la postura me va bien Si el jadea, y yo no cambio, me tiene que ir bien, no se, supongo. Como soy de pocas palabras, cambio de postura. Concentración. Concentración.

Hasta aquí, mis queridos lectores, es todo lo que recuerdo. La cantidad de sangre que tengo que bombear me acaba pasando factura, y no tengo la suficiente irrigación en el cerebro como para poder acordarme de nada más. Se que acaba satisfactoriamente por determinadas pruebas viscosas, y que por su localización y cantidad denotan un final, cuanto mínimo, satisfactorio.

Ya, en la post tranquilidad, donde tengo su cabeza en mi pecho, y mis manos le acarician ese pelo, que tanto trabajo le da, donde el único sonido audible es nuestra respiración queda roto cuando lanza la inexorable pregunta.

- ¿Te ha gustado?

Mi respuesta es clara, sigo acariciándole el pelo aunque las ganas de estirárselo en un súbito ataque de rabia, las tengo. Noto que algo crece. La carne es débil y poco hecha, más. Seis.

miércoles, 1 de julio de 2009

Encuentros VIII

Cita : Reunión o encuentro entre dos o más personas, previamente acordado1.

Vista la definición, el tema podría encajar. Analicemos. Él, un monstruo, yo un fantasma. Persona: Individuo de la especie humana 2. Su editor no vino, mi apoderado, tampoco. Ni monstruo ni fantasma se asemejan a personas. ¿O si?

Si existe el espíritu de la ley, por qué no puede existir el espíritu de la definición y así poder hacer una lectura amplia. Así monstruo podría encajar en especie: “Imagen o idea de un objeto, que se representa en el alma” 3. y fantasma, podría pasar como “comprensivo, sensible a los infortunios ajenos” 4.Parece que encaja, ¿no?

Y todo este gasto inútil de bytes para explicar que Theodore y Chevy tuvieron una cita. Si a esto se le suman los invertidos en post’s introductorios al tema ya va cogiendo una desmesurada dimensión, como mínimo los de Chevy. ¿Y todo esto para que sirve? No, no seré yo el que conteste, si me doy las razones, gastaré mas bytes, que pronto se convertirán en kilobytes, más tarde en megabytes, (ahora empiezan las exageraciones), con un poco de paciencia en gigabytes para acabar con algún terabyte y así contribuir con un grano de arena (jajajaja, Theo), a destruir este planeta, porque la energía que Google & Cia necesita para mantener guardadita la sarta de tonterías que decimos, es muy mucha (¿eso era un pleonasmo?) y cada vez, más y más y más y más…

Así que resumiré el “Encuentro”: Fue agradable, grato, enriquecedor, beneficioso, aleccionador, placentero, deleitable, ameno, bueno y satisfactorio. Alucinante.
Y a Theodore lo encontré, educado, encantador, amable, acogedor, afable, tratable, atrayente, cordial, afectuoso, simpático, maravilloso y encima inteligente. Un gran tipo.

Gracias, Vicky.


Nota: Los dos post de Theodore (I y II) son una verdadera joya, de obligada lectura para el deleite. La mayoría ya los habeis disfrutado, pero ahi quedan.

1 RAE cita
2 RAE persona.
3 RAE humana.
4 RAE especie.