Gracia, no me hacía. Buscar un adjetivo a la cita sería menospreciarla. Quedamos en la confluencia de Travessera de Gràcia con Gran de Gràcia del barrio de Gràcia (¿alguien tenía dudas del nombre?). Fuimos paseando por una de sus calles peatonales hasta la Plaça de la Vila. En 1987, esta villa independiente fue anexionada por la creciente voracidad de Barcelona y su ensanche (podría decirse en este caso enganche), ya que lo que media entre Ciutat Vella i Gràcia es una gran parte del Ensanche –aquello cuadriculado de Cerdà-. Conseguimos una mesa en una de las terrazas de la plaza. Nos sentamos a saborear lo que fuese (que más daba) sentados de frente pero de lado.La noche se cerró y por esas calles estrechas él me guió hacia el restaurante. Vergüenza tendría que haber sentido al dejarme guiar por el visitante. Tuve un momento de duda. ¿Sería él o tal vez Google Maps se había adueñado de su físico y un googuelito me estaba invadiendo mi privacidad? Sentados en el restaurante, leve roce de rodillas. Allí respiré tranquilo, un googuelito me hubiera dicho “Quizás querrías haberme tocado otra cosa” y me presentaría una lista de opciones, pero su disculpa me tranquilizó. Era él.
Cenamos, hablamos de todo, incluso del latín –el nombre del restaurante es una palabra en latín-, tonteamos (ahora recuerdo que era yo el que tonteé) con el camarero alemán –raza teutona- e hicimos desaparecer una botella de vino del Montsant que –segundo ridículo de la noche- contenía una variedad de uva que no sabía cual era (*). Y como no podía ser de otra manera, en nuestro particular “de Gràcia en Gràcia y tiro por que me toca”(**), nos fuimos a tomar una caipiriña en un local justo en los límites del barrio, pasando por un par de joyas modernistas, de aquellas que las enseñas y quedas bien (no hablé en exceso por no meter la pata, no fuese que el vino hubiese transformado a mi partnaire en un wiki (¿más?)).
A partir de ahí, lo que pasase o pasare, importa poco. Hay un “vacio” de unas tres horas que como no pasaron en Gràcia (a pesar que pasamos por el Passeig de Gràcia), pues no son motivo del post. Con las primeras luces del día, nos fundíamos en un abrazo y nos despedíamos, y… maldita la gracia, esto pasaba en la calle “Gran de Gràcia”. Y ahora, con la prespectiva que da el tiempo –una semana- pienso en el toque de gracia que él, a todo le da, que me ha dejado en estado de gracia, y que tan aficionados somos a importar cosas yankees, celebraré mi particular “dia de acción de gracias” ese día de junio. Gracias.
(*) Creo recordar que la variedad de uva era “samsó” también conocida como “cariñena” aquí llamada “carinyena” pero al coincidir con la D.O. del mismo nombre se utiliza esta derivación del francés “cinsaut”.
(**) ¿Alguien adivina el nombre del juego imaginario?




